
|
 n
El Puerto, extendida como un manto a la margen derecha del río Guadalete, tienen su
encuentro la tierra, el aire y el mar. Sus extremos se difuminan hacia la Bahía de Cádiz
y la fértil campiña jerezana. Y su aire, cegado de la blanca luz del mar gaditano
transporta los aromas siempre nuevos de la sal y los añejos de las antiguas soleras que
crían los buenos vinos de esta zona.
|
|

|
|
 a
limpia claridad de la Bahía gaditana y el casi constante sol de estas tierras, reflejada
en las extensas fachadas de cal, blanquean aún más, si cabe, la luz portuense. Pero
ésta se tamiza y refresca bajo las palmeras, en la penumbra de las casapuertas -como
aquí se conocen los zaguanes de las casas- en los patios y entre los cuidados jardines de
sus casas y bodegas.
|
|

|
|