Plaza de Toros
La tradición taurina de El Puerto de Santa María es una de las más firmes y arraigadas en España. La afición de la comarca entera, y aún de las principales poblaciones de toda la Baja Andalucía parecen sacudirse en estremecimiento gozoso de anticipada ilusión, cuando la nítida superficie blanca de alguno de sus muros se ve rasgado por el grito de color del cartel que anuncia como un pregón: ¡Toros en El Puerto!.
"Con decir toros en El Puerto"
con eso está dicho todo.
Eso dijo Joselito
en esta Plaza de Toros"
(sevillanas de "Los del Carmen")
Porque acudir a los toros en El Puerto es algo más, mucho más que asistir lisa y llanamente a un buen espectáculo taurino. Razón tenía Joselito cuando dijo aquella famosa frase que recuerda un colorista azulejo en la puerta principal de la Plaza: "Quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros". Un día de toros, si; jornada jocunda y llena de alicientes, antes y después de la corrida.
Y, por enmedio, esas dos horas de presenciar el alegre juego de la muerte sobre el amarillo albero de un redondel impregnado de aromas salinos y acariciado por el soplo de los vientos marineros.
De antiguo le viene a El Puerto su prestigio torero. Ya con anterioridad a los tiempos de Pepe-Hillo o del rondeño Pedro Romero, tenía bien cimentada su fama la Fiesta en nuestra ciudad: aquella antigua Plaza de Galeras, que sustituyó a los andamiajes de la más antigua del Polvorista y que fue anticipo de cosos de madera que se fueron sucediendo con los años en el mismo lugar en que hoy se alza el anillo de piedra, hierro y ladrillo, levantado en el último tercio del pasado siglo; una de las plazas de toros más bellas de toda España.
Forma su planta un polígono regular de sesenta lados, con un diámetro de 99,80 metros; superficie repartida entre una galería exterior, un anillo a doble planta que ocupan los palcos y las gradas cubiertas, y la escalonada zona de tendidos, con un total de dieciseis filas; el aforo supera las doce mil localidades. El redondel de 60 metros de diámetro -uno de los más amplios que existe- queda separado de los espectadores por dos metros de callejón de barrera. Pero aún no son las dimensiones lo más importantes que destacar; sino, sobretodo, esa alegría luminosa y colorista, ese "duende" misterioso que da esa gracia arquitectónica, a la Fiesta taurina en esta ciudad un aire especial.
Fue construida por una Compañía, integrada por un grupo de ilustres patricios a quienes presidía D. Tomás Osborne Bölh de Faber -descendiente de la familia de la ilustre escritora Fernán-Caballero-. Con motivo de la celebración del Centenario de la Plaza, se le dedicó otro azulejo, frente por frente al que recuerda la inolvidable frase de Joselito El Gallo".
La inauguración tuvo lugar los días 5 y 6 de junio de 1.880 con una doble corrida en la que Antonio Carmona "Gordito", de Sevilla, y el cordobés Rafael Molina "Lagartijo", lidiaron toros de Anastasio Martín y de Saltillo. Bordador, llevaba por nombre el primer toro que se lidió en nuestra Plaza. Y aún luce su bien coronada testa en el antepalco regio del coso taurino.
A partir de entonces, pocas figuras importantes de la tauromaquia habrán dejado de pasar por esta Plaza de tan celebrado renombre, que ha sido testigo de la enconada competencia entre "lagartijistas" y "frascuelistas", de la hombría de D. Luis Mazzantini y el pundonor del sanluqueño Hermosilla; que vivió las inefables jornadas de "Guerrita" el diestro sin competencia; y entró en el nuevo siglo con "Machaquito" y "El Bomba"; que conmemoró en 1.912, con solemne corrida regia, el Primer centenario de las Cortes de Cádiz; que admiró el toreo sabio del gran Joselito y estalló de emoción ante los ceñidos muletazos de Juan Belmonte... Y después, Manolete "el Monstruo"; los Ordóñez, los Vázquez, los Bienvenidas, el toreo largo de Dominguín, la revolución de "El Cordobés"...
Todas las épocas de la historia del toreo, todas las competencias apasionadas que ha establecido el clásico dualismo español, han cumplido años en la Plaza de El Puerto. Por eso, hacer historia de la Fiesta de toros en esta Plaza, es asi como ofrecer un panorama de lo que ha sido, en el correr de los tiempos, la historia de la llamada Fiesta Nacional. Es...ofrecer, en un transparente catavino portuense, una olorosa copa de vino español.