La Prioral vive la mayor recuperación patrimonial en décadas
La Basílica Menor de Nuestra Señora de los Milagros Coronada, la Prioral, vive uno de los momentos más importantes de su historia contemporánea. El principal monumento histórico-artístico de El Puerto de Santa María afronta una recuperación patrimonial sin precedentes recientes que alcanza tanto al propio edificio como al extraordinario legado histórico, artístico y documental que conserva desde hace más de cinco siglos.
El alcalde de El Puerto, Germán Beardo, ha destacado que “estamos ante una oportunidad histórica para recuperar, proteger y poner en valor uno de los grandes símbolos de nuestra ciudad. La Prioral forma parte de nuestra identidad y de nuestra memoria colectiva, y su conservación es una responsabilidad que debemos asumir entre todos”. En este sentido, ha subrayado que “la suma de administraciones, la Diócesis, investigadores, restauradores, entidades privadas y ciudadanos está haciendo posible que piezas que forman parte de nuestra historia vuelvan a recuperar su luz, su belleza y todo su valor”.
La intervención reúne actualmente tres grandes frentes de actuación: la restauración arquitectónica del templo, financiada por la Diputación Provincial de Cádiz; la recuperación de su patrimonio documental y pictórico, impulsada por la Comisión Científica de Bienes Muebles de la Prioral; y la restauración del histórico retablo de plata de la Capilla Sacramental, posible gracias al mecenazgo privado. Más que una suma de intervenciones independientes, se trata de un proyecto compartido de recuperación patrimonial en el que administraciones públicas, Iglesia, especialistas, restauradores, investigadores, benefactores y voluntarios trabajan con un mismo objetivo: conservar la Prioral y garantizar que este legado continúe formando parte de la vida de El Puerto durante las próximas generaciones.
Una intervención arquitectónica de más de 438.000 euros
La recuperación del propio templo constituye una de las actuaciones arquitectónicas más importantes acometidas en la Basílica durante las últimas décadas. Con una inversión superior a 438.000 euros, los trabajos permitirán actuar sobre las fachadas exteriores de las capillas situadas junto a la Plaza de España y ejecutar diferentes actuaciones en las cubiertas del templo, mejorando su conservación y contribuyendo a garantizar la protección estructural del edificio. La actuación devuelve protagonismo a la propia piedra de la Prioral, a sus relieves y a sus contornos, recuperando la imagen de uno de los edificios más reconocibles del corazón histórico de El Puerto. Esta intervención sobre el edificio avanza además en paralelo a la recuperación de numerosos bienes muebles que forman parte del extraordinario patrimonio que la Basílica custodia en su interior.
56 libros de coro para recuperar siglos de memoria
Entre las actuaciones que están despertando mayor interés se encuentra la recuperación de los 56 libros de coro conservados en la Basílica.
La colección está formada mayoritariamente por cantorales fechados entre los siglos XVII y XVIII, aunque existen referencias documentales a estos volúmenes en los libros de fábrica de la Prioral desde 1617. El proyecto está coordinado por la archivera Ana Becerra Fabra, vinculada desde 1990 a la organización del Archivo Parroquial de la Prioral, junto a Eva Moreno Martos, directora del Conservatorio Profesional de Música “Rafael Taboada”. La Comisión Científica de Bienes Muebles está integrada también por el sacerdote Jorge Vela Martín, especialista en liturgia; el historiador Iván García de Quiróse; el historiador del arte Francisco González Luque; y la asesora científica Elena Vázquez Jiménez, doctora en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y responsable del protocolo técnico que garantiza que las intervenciones se desarrollen conforme a criterios científicos de conservación.
Los trabajos están permitiendo limpiar, estudiar, documentar y catalogar individualmente los ejemplares antes de abordar su restauración integral. La investigación ya ha permitido localizar volúmenes procedentes del antiguo Convento de San Agustín y descubrir elementos de gran interés, como una delicada miniatura iluminada de un corazón atravesado por una flecha. Especialmente significativo ha sido el hallazgo realizado en el histórico armario donde se conservaban los cantorales. Tras su desinfección apareció un doble fondo que funcionaba como cámara de aire, un ingenioso sistema destinado a proteger los pergaminos de la humedad y cuya existencia había permanecido oculta durante siglos. Según explica Ana Becerra, “esta colección es una joya que hay que valorar y reconocer su importancia”. La especialista señala además que, aunque siempre se ha conocido la existencia de estos libros en el armario de la capilla de la Cilla, no consta que existiera hasta ahora un catálogo de la colección.
Los grandes lienzos del ábside recuperan su luz
La recuperación alcanza también al conjunto pictórico que preside el ábside de la Basílica. El restaurador Fernando de Tovar Pantín, doctor en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y con más de 30 años de experiencia en conservación de bienes culturales, dirige los trabajos junto a los restauradores Iván Boronat Doval y Francesco Policastro Luzzolino, artista plástico formado en Bellas Artes en Florencia. Se trata de cinco grandes lienzos del siglo XIX, entre ellos el gran Crucificado realizado por el pintor sevillano José María Rodríguez de Losada. El artista dejó escrita una inscripción autógrafa en la que aseguraba haber concluido la pintura en apenas nueve horas, una singularidad que convierte la obra en una pieza excepcional dentro de su producción. Los otros cuatro lienzos representan a los Padres de la Iglesia. Sebastián Romero Garrido pintó los correspondientes a san Agustín y san Ambrosio; Antonio Soto realizó el de san Jerónimo; y Nicolás Marichalar, el de san Gregorio. Cada uno de los lienzos alcanza un peso aproximado de 300 kilogramos. Durante décadas permanecieron ocultos bajo un espeso barniz aplicado hacia 1930 con la intención de unificar su aspecto y ocultar pequeñas alteraciones. Con el paso del tiempo, aquel tratamiento terminó oscureciendo las pinturas hasta hacer desaparecer buena parte de su riqueza cromática.
La restauración está permitiendo recuperar la intensidad de los colores originales, la profundidad y la calidad artística concebida por sus autores, devolviendo al conjunto la luminosidad que presidió el presbiterio de la Prioral durante el siglo XIX. Los trabajos desarrollados hasta ahora han permitido restaurar 11 de los 27 cobres históricos conservados en la Basílica y 3 de los 5 grandes lienzos del ábside. Los tres lienzos ya restaurados permanecen actualmente expuestos en el coro, donde pueden contemplarse por primera vez a escasa distancia antes de regresar definitivamente a su ubicación original, sobre el altar mayor. Su regreso será una de las fases técnicamente más complejas de toda la intervención. El pavimento sobre el que deberán realizarse los trabajos no admite cargas superiores a 800 kilogramos, por lo que será necesario diseñar un sistema específico de ingeniería y andamiaje. La operación requerirá nueva financiación.
“Necesitamos seguir encontrando apoyos porque el montaje será una de las fases más complejas de toda la intervención”, explica Fernando de Tovar.
Plata, madera y pintura: un patrimonio que recupera su belleza
La recuperación patrimonial se extiende también a otras piezas de especial valor que forman parte del conjunto de la Prioral. El histórico retablo que preside el acceso a la casa parroquial está siendo objeto de trabajos de recuperación que permiten devolver, detalle a detalle, su belleza. También se trabaja sobre la pintura de la Virgen y otras piezas que forman parte del patrimonio artístico de la Basílica. Las pequeñas pinturas sobre cobre de los siglos XVII y XVIII están recuperando igualmente sus colores y escenas originales, después de décadas en las que el paso del tiempo había ocultado parte de su riqueza.
El avance de estos trabajos permite no solo recuperar las obras, sino también profundizar en su conocimiento, documentar su estado de conservación y establecer criterios científicos para garantizar su preservación futura.
El retablo de plata volverá al taller más de 200 años después
Una de las grandes joyas patrimoniales de la Prioral afronta también un proceso de restauración integral. El histórico retablo de plata de la Capilla Sacramental será intervenido gracias al mecenazgo de un donante y una fundación que han solicitado permanecer en el anonimato. La pieza tiene su origen en el antiguo Virreinato de Nueva España. Fue realizada con plata procedente de San Luis Potosí, en México, por el platero José de Medina, y donada en 1680 por Juan Camacho Jaina, natural de El Puerto de Santa María y alcalde de aquella ciudad novohispana. Concebido originalmente como un adoratorio portátil para el Santísimo Sacramento, el conjunto experimentó más de un siglo después, en 1805, una de sus transformaciones más importantes. La concha de plata que remataba la obra fue sustituida por una corona ejecutada por los plateros Jacobo Vanderheiden y Manuel Losada, quienes aprovecharon la intervención para restaurar íntegramente el retablo.
Ahora, más de 200 años después, la pieza volverá a ser desmontada para someterse a una restauración integral en un reconocido taller de orfebrería de Jerez de la Frontera, el mismo que trabaja actualmente en la conservación del patrimonio de la Catedral de Jerez. Los trabajos comprenderán el desmontaje completo del conjunto, la consolidación de su estructura, la limpieza especializada de la plata, la recuperación de elementos deteriorados y la reintegración de pequeños fragmentos desaparecidos con el paso del tiempo. La intervención se prolongará durante aproximadamente ocho meses y se desarrollará bajo la supervisión permanente de restauradores especializados colaboradores de la Basílica. Después, el retablo regresará a la Capilla del Santísimo Sacramento para recuperar el lugar que ocupa desde hace más de tres siglos.
Un proyecto compartido de ciudad
Para el párroco de la Basílica, Antonio Sabido, este proceso trasciende el ámbito de una restauración arquitectónica o artística. La misión de la parroquia, explica, es anunciar el Evangelio y celebrar la fe, pero esa misión también implica custodiar “el inmenso patrimonio que hemos recibido de quienes nos precedieron”. En este sentido, Sabido considera que este patrimonio “no es únicamente un legado de la Iglesia”, sino que forma parte de “la historia, la cultura y la identidad de El Puerto de Santa María”. El párroco destaca especialmente la colaboración surgida alrededor de las distintas actuaciones y el espíritu colectivo que se ha generado. Investigadores, restauradores, historiadores, voluntarios, administraciones públicas, benefactores y profesionales están aportando sus conocimientos, su tiempo y su esfuerzo para hacer posible esta recuperación.
A los especialistas implicados en los grandes proyectos se suman otros voluntarios que colaboran en trabajos de restauración y reforma a pequeña escala en distintos puntos del conjunto de la Prioral. Entre ellos se encuentran Francisco Pérez Doello, Enrique Sánchez y Federico Lobato. La parroquia mantiene además abierta la campaña “Restaura una obra de arte”, una iniciativa que invita a particulares, empresas e instituciones a colaborar en la recuperación de las numerosas piezas que todavía esperan ser restauradas.
La coincidencia de todas estas actuaciones sitúa a la Basílica en uno de los momentos más relevantes de su historia reciente. La conservación de este patrimonio no depende únicamente de la financiación pública ni puede recaer exclusivamente sobre la Iglesia, sino que requiere la implicación de toda la sociedad para proteger una parte esencial de la memoria, la identidad y la cultura de El Puerto de Santa María. Piedra, pergamino, pintura, madera y plata vuelven así a encontrarse con las manos que hoy los cuidan. Siglos de historia recuperan su luz y su belleza para seguir formando parte de nuestras vidas.
El alcalde Germán Beardo ha señalado que “cuidar la Prioral es cuidar nuestra historia, nuestra cultura y aquello que nos identifica como portuenses”, al tiempo que ha agradecido “a todas las personas e instituciones que están haciendo posible esta gran recuperación patrimonial”. “El Puerto avanza para cuidar, proteger y conservar lo nuestro, para que lo que recibimos de nuestros mayores pueda seguir formando parte de nuestras vidas y de nuestra historia. Y lo conseguimos entre todos”, ha concluido el alcalde.